Horizonte para o sol

Silveiro Rivas

Entre los años 2002 y 2003, Silverio Rivas construyó e instaló la escultura Horizonte para o Sol en la rotonda norte de acceso al campus de Vigo. Se creó así un hito espacial que podríamos decir que delimita esas fronteras difusas entre naturaleza y cultura, entre el bosque circundante y la planificación urbanística del campus.

La escultura se articula a partir de dos círculos concéntricos de mampostería: el primero, de tonalidad gris, paralelo al suelo; el segundo, de color rosado, ligeramente inclinado respecto al plano horizontal. Sobre esta base emergen y, al mismo tiempo, parecen hundirse dos semiesferas de acero inoxidable, separadas por un hueco rectangular dispuesto en una diagonal opuesta a la inclinación del plano de apoyo. Este corte diagonal no solo fragmenta la esfera, sino que permite ver su interior y, a través de él, el espacio que se extiende más allá, estableciendo una relación directa entre la obra, el entorno y el público espectador.

La primera impresión, al rodear la rotonda, es la de encontrarse ante un dispositivo de carácter astronómico, como aquel que dibujara, por ejemplo, Johannes Kepler entre esferas y sólidos platónicos para explicar la distancia entre las órbitas planetarias. Sin embargo, el título no nos remite a un universo técnico, sino al de la experiencia humana frente a la naturaleza.

En esta experiencia que es Horizonte para o Sol se reconocen algunas de las claves fundamentales que han definido la obra monumental de Silverio Rivas en las últimas décadas, como las nociones de umbral, límite y horizonte. No obstante, a diferencia de otras piezas emblemáticas del autor —caracterizadas por una marcada verticalidad—, en esta escultura Silverio Rivas opta por la horizontalidad. Los volúmenes simples de las semiesferas, que parecen integrarse en el terreno, se dinamizan mediante el corte diagonal que simultáneamente las une y las separa, intensificando así la percepción del espacio en el que se insertan y reforzando la experiencia corporal del lugar.

Construir un horizonte implica, de algún modo, percibir un límite en la mirada y también un lugar hacia el que dirigirse. Por ello, ese límite no es fijo ni estático, sino que se desplaza con el individuo que mira o con el ser humano que se mueve. Pero el horizonte no introduce solo un carácter espacial, sino también uno temporal: el de aquello que está por suceder. Ese horizonte de acontecimientos individuales en el que iremos determinando aquello que hemos de ser.

Desde esa entrada a la universidad comienza también un horizonte por venir.

Nacido en Ponteareas en 1942, Silverio Rivas es una de las figuras clave en la renovación de la escultura gallega contemporánea. Inició su formación en el taller de ebanistería familiar, para continuar posteriormente sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios de Vigo y más tarde en Madrid. Realizó su primera exposición individual en Vigo a comienzos de la década de 1970 y, desde entonces, su obra ha sido exhibida en numerosas ciudades españolas y europeas. Es autor, además, de una destacada producción de escultura pública presente en distintas localidades de Galicia, que han consolidado una trayectoria marcada por la reflexión sobre el espacio, el territorio y la relación entre la obra artística y el entorno.

Jorge Varela, profesor de la UVigo

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