A NINFA DAS LAGOAS
Acisclo Manzano
En el año 2000 se jubilaba la profesora María Dolores Fernández Ferro, la muy querida Lola Ferro para el alumnado, del cual formé parte iniciada la década de 1980 en la materia de Arte medieval. Sus compañeros profesores decidieron entonces regalarle una escultura de Acisclo Manzano, la Ninfa de las Lagunas, sin sospechar que muy pronto, demasiado pronto, sería donada a la Facultad de Historia por su familia, tras el prematuro fallecimiento de Lola en 2002.
Las ninfas son esas deidades menores griegas que llegan a nosotros a través de la cultura romana, aquí relacionadas, sobre todo, con los ambientes acuáticos. Un asunto muy del afecto de Acisclo, como prueba la Ninfa del Miño, de 1998, actualmente en la Colección de Arte Abanca. Otra Ninfa del Miño de gran tamaño fue instalada junto a las termas de la Chavasqueira en 2006. Y cómo no, las Ninfas de las Burgas con Calpurnia Abana, de 2007, mural situado entre las dos fuentes monumentales. La Ninfa de las Lagunas, creada expresamente por Acisclo para Lola, parece representar una prematura y afortunada premonición del sabio maestro escultor sobre la creación del Campus Auga, así acreditado el 8 de febrero de 2024 por resolución de la Xunta de Galicia. No en vano Acisclo, nacido en esta ciudad en el primer año después de la guerra, se crió en la calle de la Barreira entre los vapores de las Burgas, las más célebres fuentes ourensanas.
Días atrás, tras la redacción de este texto, me reuní en la Facultad de Historia con Acisclo y con la Ninfa de las Lagunas. Quería presenciar el diálogo que inevitablemente nacería del encuentro entre el escultor y la obra veintiséis años después, como un padre que se reencuentra con una hija transcurrido mucho tiempo. La acarició con tal delicadeza y precisión que parecía que los dedos escaneaban las texturas, siempre cargadas de contrastes como es habitual en él: «la superficie lisa es la piel, y la rugosa, las ropas», decía mientras la observaba. En la pieza de terracota de color claro está, como en la mayoría de su obra, la alternancia, el juego de texturas que muda en escaso espacio, fruto de un ritmo en el que las superficies suaves, lisas, fruto de la mano y de la espátula, cambiaban de repente hacia los rasguños y los rizos nacidos del duro contacto del cepillo de raíces con el barro blando, aún sin cocer. Es la forma con la que Acisclo rompe con lo previsible, con la monotonía en las formas.
De repente, en ese mar de texturas que alterna la suavidad de la epidermis con las arrugas de los lienzos, calmas y tempestades, aparece el rostro de una mujer. La composición formal me conduce a evocar Reclining Figure (Figura reclinada), de 1951, obra de su admirado Henry Moore. Esa cabeza ladeada, con gesto analítico, me recordaba a Lola cuando observaba reflexivamente una diapositiva antes de explicárnosla a las alumnas y alumnos. Porque las esculturas de Acisclo siempre están dotadas de movimiento, son formas dinámicas que añaden una cuarta dimensión, figuras que parecen querer iniciar una nueva acción, todo un guiño espacial para representar el tiempo en la misma escultura y en el mismo espacio. La Ninfa de las Lagunas parece querer incorporarse y comenzar a hablar. Estoy seguro de que mientras la modelaba, Acisclo se transportaba a la capilla del Santo Cristo de la catedral de Ourense y al siglo XVII para inspirarse en el San Mauro de Francisco de Moure, otro escultor al que admira. De hecho, siempre dice que el santo parece que de un momento a otro va a comenzar a caminar. Ese movimiento, con otro lenguaje, también está en la obra del ucraniano Alexander Archipenko, escultor que despuntó en las primeras décadas del siglo XX en la vanguardia parisina y por el que Acisclo confiesa debilidad.
Acisclo, académico numerario de la Real Academia Gallega de Bellas Artes, es, a su vez, hijo intelectual de la academia no oficial del «Volter», liderada intelectualmente por Risco, y entre sus influencias más poderosas cuenta con la obra del Maestro Mateo, de quien sintetiza la fuerza de la escultura gallega desde la prehistoria, dotando a sus piezas de un aire fuertemente atlántico, aunque el barro sea ibicenco y las temáticas de las ninfas procedan de Oriente. Acisclo afirma que la forma está dentro del barro, una materia que, como el origen bíblico del ser humano, está capacitada para recibir el alma. No hay duda de que en la Ninfa de las Lagunas está Lola Ferro, así unida para siempre a la Facultad de Historia.
José María Eguileta Franco
Arqueólogo y académico numerario de la Real Academia Gallega de Bellas Artes